6/17/2013

I CHING

Dice Jung hablando del I Ching: "A fin de entender qué significa semejante libro es imperioso dejar de lado ciertos prejuicios de la mente occidental. Es un hecho curioso que un pueblo tan bien dotado e inteligente como el chino no haya desarrollado nunca lo que nosotros llamamos ciencia. Pero sucede que nuestra ciencia se basa en el principio de causalidad, y se considera que la causalidad es una verdad axiomática. No obstante, se está produciendo un gran cambio en nuestro punto de vista. Lo que no consiguió la Crítica de la razón pura de Kant lo está logrando la física moderna. Los axiomas de la causalidad se están conmoviendo hasta sus cimientos: sabemos ahora que lo que llamamos leyes naturales son verdades meramente estadísticas que deben por lo tanto, necesariamente, dejar margen a las excepciones. Todavía no hemos tomado lo bastante en cuenta el hecho de que necesitamos  del laboratorio, con sus incisivas restricciones, a fin de demostrar la invariable validez de las leyes naturales. Si dejamos las cosas a merced de la naturaleza, vemos un cuadro muy diferente: cada proceso se ve interferido en forma parcial o total por el azar, hasta el punto de que, en circunstancias naturales, una secuencia de hechos que se ajuste de manera  absoluta a leyes específicas constituye casi una excepción.

La mente china, tal como yo la veo obrar en el Yi Ching, parece preocuparse exclusivamente por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de esta mente peculiar, ya aquello que reverenciamos como causalidad casi no se toma en cuenta. Hemos de admitir que hay bastante que decir sobre la inmensa importancia del azar. Un incalculable caudal de esfuerzos humanos está orientado a combatir y restringir los perjuicios o peligros que entraña el azar." 

Tomado del prólogo del I Ching-el libro de las mutaciones, traducido por Richard Wilhelm.

6/10/2013

EL ANZUELO


Pese a su nombre su muerte no podría calificarse de digna. Pensándolo bien no había nada de digno en él, la seriedad de su rostro no recordaba la dignidad sino el malhumor. Era de mal genio, esto explica en parte el que haya muerto en una pelea. De un machetazo en el cuello.

Lo del machetazo escandalizó a todo el pueblo, Digno no había sido tan malo para morir así. No era un tipo malo, sólo malhumorado. Era un hombre responsable, un pescador juicioso que llevaba la comida a su familia. Bebía como todos, pero no era malo, de mal talante quizás. Corto de entendederas. 

Espero equivocarme al decir que todo el pueblo se escandalizó, quiero creer que hay unos pocos que recuerdan el episodio de Oliverio, después de todo yo no era el único que estaba en la ensenada ese día, había también pescadores y gente del parque. Todo se repetía igual que los amaneceres anteriores, Digno subía las carnadas a la canoa antes de tiempo y las gaviotas y pelícanos se aprovechaban y se robaban unas cuántas antes de que los espantara.

Era terco el hombre, yo llevaba ya un tiempo observando a los pescadores y ninguno cometía este descuido, lo último que subían era las carnadas y mientras tanto se cuidaban de taparlas y ponerlas en un lugar seguro. Digno no aprendía la lección y todas las mañanas yo era testigo de su pelea con los pájaros. Lo veía alejarse iracundo, maldiciendo a los pelícanos, de espaldas al sol.

En la estación le habíamos cogido cariño a Oliverio, tenía una expresión digna, sobrellevaba su vejez con gracia. Como todos los pelícanos viejos no podía ir muy lejos, estaba cansado y su visión se había deteriorado. Comía las sobras que encontraba en la ensenada y lo que nosotros le dábamos, pero siempre tenía hambre. El día anterior a su muerte le había robado buena parte de las carnadas a Digno que montó en cólera y lanzó una sarta de insultos y maldiciones, me las pagarás pajarraco de mierda.

No era la primera vez que Oliverio le robaba. Yo había tratado de hacerle entender  al pelícano que no debía hacer eso, pero pronto entendí que era Digno el que debía aprender a cuidar sus carnadas.

Al otro día de haber amenazado a Oliverio Digno llegó un poco más temprano que de costumbre, me saludó con una risa burlona y empezó su rutina de preparación para la pesca, como siempre dejó las carnadas expuestas a los pájaros. Vi, como tantas veces ya, a Oliverio robándole la carnada. Parecía que la escena iba a repetirse igual que siempre, pero esta vez Digno esperó a que alzara el vuelo y jaló el hilo de pesca desgarrándole la garganta. Lo vi caer al mar.

De eso hace ya un par de semanas, esta mañana recibimos aquí en la estación la noticia de la muerte de Digno. Nadie se ha atrevido a comentar nada. Almorzamos en silencio.


3/15/2013

Soy como un caballo obligado a latigazos a tirar de una carga pesada

"Todo el mundo debería trabajar, pero no todos los trabajos son iguales. Hace falta buenos trabajos. También yo trabajo escribiendo este libro. No escribo para mi propio placer; no puede haber placer cuando un hombre dedica todo su tiempo a escribir. Es preciso hacer escrito mucho para ser capaz de comprender qué quiere decir escribir. Es una ocupación difícil; uno se cansa de estar sentado, con calambres en las piernas y el brazo rígido. Irrita los ojos y hace que se respire mal; el aire de la habitación se enrarece. Un hombre que lleve una vida así muere antes. Las personas que escriben de noche se dañan la vista y tienen que llevar gafas; los hipócritas usan monóculo. Me he dado cuenta de que si escribo mucho rato los ojos se me enrojecen. Las personas que escriben mucho son mártires. Me gustan los mártires por amor de Dios. Muchos dicen que si se escribe es por dinero, porque sin dinero no se puede escribir. ][ cuando oigo semejantes cosas lloro, porque las conozco en otra modalidad: bailar por dinero. Estuve cerca de la muerte, de lo exhausto que estaba. Era como un caballo obligado a latigazos a tirar de una carga pesada" (Tomado del blog: Una hoguera para que arda Goya, escrito por Nijinsky)

2/14/2013

EL NIÑO


Me encontré a una amiga con su hijo y al saludarlos le dije al niño: Hola bebé, cómo estás, no sé bien por qué le dije así, pero el niño se molestó mucho y dijo: Yo no soy un bebé, yo soy un niño. Su madre y yo ignoramos el comentario. Yo ya soy un niño grande, dijo otra vez levantando la voz y frunciendo el ceño, no soy ningún bebé. Su madre y yo seguimos hablando un rato, cuando nos despedimos, justo en el silencio final, el crío se aseguró de pronunciar de manera sorprendentemente clara y audible para un niño de tres años: Yo soy un niño no un bebé.

1/22/2013

Los mensajeros del futuro

Estoy faltando a mi ética profesional al revelar que todavía existimos los mensajeros de carne y hueso, suena increíble porque estamos en una época en la que el desarrollo tecnológico y científico llegó a su cima, el mundo es uno solo, ya se extinguieron todas las culturas diferentes a la occidental, así como todo pensamiento opuesto al capitalismo, en resumidas cuentas asistimos al fin, a los últimos años de nuestra especie. Los documentos impresos son una rareza, todo funciona a nivel virtual, no es esencial verse con nadie ni trasladarse a ningún lugar, la información va por el aire, es invisible, sin embargo, los mensajeros seguimos existiendo. Somos bien remunerados, trabajamos para los altos círculos de poder, nuestra misión siempre es secreta. Hoy en día resulta más seguro moverse por la tierra, la información virtual corre más peligro en su trayectoria aérea que alojada en un vulnerable ser de carne y hueso y transmitida voz a voz o por enrevesados gestos humanos, pues como ya dije, no nos contratan para dar cualquier mensaje sino mensajes de suma importancia y altamente secretos. La mayoría de la gente ni siquiera sospecha nuestra existencia, nuestra profesión está incluida en la lista de profesiones desaparecidas tras la irrupción de la tecnología y los niños ya no entienden el significado de la palabra mensajero, tampoco sus padres, a duras penas los abuelos y los expertos en literatura antigua. 

Sin embargo soy víctima de cierta degradación,últimamente he tenido que trabajar para gente que no entiende bien nuestra razón de ser en estos tiempos y envía mensajes fatuos. Tiene el dinero para permitirse un mensajero y lo considera elegante, excéntrico. A simple vista podría pensarse que el trabajo es más fácil porque nadie está interesado en el mensaje que uno lleva y no hay peligro alguno, pero en realidad es más difícil porque resulta aburrido y poco gratificante dado que uno se empeña en seguir usando sus trucos más finos pero la calidad del mensaje no los amerita. La degradación me ha tocado  a tal punto que fui contratado con un colega y a la hora de ultimar detalles se nos instó a tomar cada uno un papelito arrugado, un papelito decía: mensajero de buenas noticias y el otro: mensajero de malas noticias. A ese punto ha llegado la vulgaridad. A mí me tocó ser el de las malas noticias, pero no estoy seguro de que sea mejor ser el de las buenas. Para alguien que ha dado siempre mensajes cifrados todo esto resulta sumamente vulgar.

1/14/2013

No contestaré tus mensajes

Me escribe cada seis o siete meses, lo primero que me pregunta es cómo estoy. Lo nuestro terminó desastrosamente hace cinco años, el mismo tiempo que llevamos sin vernos. No ha dejado de viajar, siempre supe que le daba pánico establecerse, es incapaz, tiene un espíritu nómada, lo persigue un tormento que no lo deja estar quieto en ninguna parte, necesita ver cosas diferentes para huir de sí mismo, quizás no encuentra en su interior nada más interesante de lo que hay afuera en el mundo. Yo siempre le contesto y le digo que estoy bien, a veces le pregunto dónde está, últimamente se la pasa buceando en Malasia, a veces está en Melbourne, otras veces en la India, en Estambul o en algún pueblito de Turquía, en Indonesia…nunca se sabe dónde puede estar, puede ir adonde quiera cuando quiera. No se cansa de posar para fotos ni de tomarlas, tampoco de dormir en una cama diferente cada dos o tres días. 

Últimamente viajo mucho entonces después de preguntarme how‘re you o what’s up, me pregunta where’re you. Fine, le digo, and you. I’m in Bogotá. Me dice que está bien y me da el nombre de la ciudad o del país donde está. Una vez me contó que se había partido la clavícula al caerse de una motocicleta. El resto de veces siempre ha dicho que está bien, no tiene nada que contarme, me pregunta cuáles son mis planes, yo le cuento. Una vez estuvimos muy cerca el uno del otro, nos separaba sólo un día, yo estaba una ciudad más adelante, él estaría allí al día siguiente, habíamos hablado de tomarnos un café, pero no mostró mucho entusiasmo y yo me fui justo el día que él podría haber llegado. Qué pasaría si resultara que estamos en la misma ciudad y en el mismo hotel, creo que los dos saldríamos en seguida, si es posible disfrazados para no encontramos en el terminal o en el aeropuerto o en la estación de trenes. 

Estoy segura de que no entendió nunca cuál fue su error, no creo que haya logrado deshacerse de los celos que lo consumían como una enfermedad. Seguro sigue cargando con su tormento, un tormento antiquísimo que corre por su sangre y está en sus genes, el tormento de su pueblo, el tormento de todo musulmán. Seguirá viajando y llamándome cada seis meses a preguntarme cómo estoy para luego cortarme fríamente. No sé porqué siento la obligación de ser cortés con ese hombre, sus llamadas son mortalmente aburridas y breves, siempre hace las mismas preguntas y cuando intento que la conversación tome algún sentido huye. No volveremos a vernos nunca en la vida, la casualidad no va a ser tan cruel como para ponernos en el mismo lugar. No contestaré más sus mensajes.

1/04/2013

Dream, Girl.

Por estos días ando muy contenta porque una de mis fotos de Myanmar fue publicada en Golden Scissors  acompañando la reseña de un track bastante bueno de Pyxis: Dream Girl. Juzguen ustedes aquí

12/10/2012

OBJETOS






Los invito a visitar mi nuevo blog de objetos. La idea es compartir con ustedes objetos de distintas procedencias que conforman mi colección personal.


12/07/2012

Fantasma I


¡Tanto tiempo y esfuerzo para lograr la invisibilidad y resultó tan aburrida!

11/29/2012

Hicieron bien al irse del país


Hola

¿Cómo están? ¿Qué tal los niños? Espero que estén todos bien. De cualquier modo hicieron bien en irse de aquí, dejaron el país a tiempo. Ahora las cosas son más difíciles. Ya es casi imposible salir de la casa, pero toca y es muy difícil. Hay que  tener cuidado y en cada salida traer lo máximo que se pueda. Hace ya casi un mes, desde el pasado 18 de Noviembre, se desató la epidemia en su forma más cruda. H y yo creemos que la gente ya llevaba mucho tiempo contagiada, pero se cuidaba de mostrar sus síntomas o quizás no tuviera oportunidad para hacerlo.

Ahora no hay nada que hacer. Desearíamos haber salido de aquí con ustedes, aquí todos están locos o tarados y si uno no cierra la puerta rápido se le meten en la casa. Se instalan y no hay quien los saque. Salir es toda una operación y lo mismo entrar. Hay que entrar a toda velocidad y forcejear con el que toque a fin de impedir que se meta en la casa. Es como cuando tuvimos aquel perro, Roney ¿lo recuerdan? Tocaba tener cuidado al abrir la puerta para que no se escapara. Así es. Sólo que no se trata de alguien que quiere escapar sino de alguien que quiere entrar.

Donde se le entre a uno un idiota de esos  no hay quien lo saque, se queda dando vueltas y vueltas por ahí como un mal pensamiento y cómo lo saca uno, no se deja agarrar, no escucha razones..., además la  estupidez es contagiosa, lo mejor es estar lejos de ellos. Hicieron bien en irse.

La ropa



Hoy vi en la tele una entrevista a mi amigo Jack. Nos conocimos antes de que fuera exitoso. Cuando la vida empezó a sonreírle yo estaba ahí. Me contó la misma historia que contó hoy en el show, no sé que pensará la gente cuando él cuenta eso. Pero la historia es cierta. Un día decidió lavar toda su ropa, excepto la que llevaba puesta. En esa época vivía en un barrio deprimido de la ciudad. La colgó en la terraza y se fue. Cuando volvió se la habían llevado toda, sólo dejaron unos gorros que seguían húmedos. Jack dice que sintió algo extraño al ver las cuerdas limpias, una mezcla de risa con pesar y una fuerte sensación de estar vivo. Desde entonces todo le empezó a ir de maravilla, sus sueños empezaron a cumplirse uno a uno, donde quiera que esté el ladrón, le deseo lo mejor, me decía Jack. 

11/22/2012

Escritora fantasma


Cuando cuento que trabajo como escritora fantasma la reacción de la gente es como si dijera soy espía o soy detective, en seguida quiere saber para quién escribo. Que mi trabajo esté relacionado de ese modo con el secreto y el engaño es algo en sí mismo muy literario y hasta cierto punto divertido, me pone en el rol de algún personaje de novela policíaca que esconde un buen misterio. Todo esto sazonado con la sorpresa de la gente que dice: ¡Sí existen, yo pensé que eso de los escritores fantasma era sólo un mito o algo que salía en las películas!. 

11/19/2012

La culebra roja




Nos alejamos de la parte turística por unos días, recorrimos pueblos polvorientos y olvidados de Quintana Roo y Yucatán. Me sorprendía que geográficamente estuvieran tan cerca de la parte turística cuando culturalmente estaban tan lejos como Bogotá del Sahara. El pavimento azotado por el sol casi derretía los neumáticos. En la carretera se asomó un niño vendiendo agua de coco. ¡Para! Le dije a H, compremos agua de coco. Retrocedimos, el niño se acercó a nuestra ventana, los músculos de la cara contraídos, los ojos semi cerrados, una mueca de angustia:

_Se murió una culebra. Y nos señaló algo atrás.

H y yo volteamos a mirar, pero el punto no era completamente visible a los escasos grados que nuestro cuello podía girar. Nos esforzamos, miramos en el retrovisor, se veía parcialmente el cuerpo sin vida de una culebra, casi en la mitad de la carretera.

_ ¿Si?
_Se murió, dijo el niño angustiado, tan angustiado como si se tratara de su madre.

_¿Nos das dos?

Sacó de una nevera de icopor dos bolsas de agua de coco. Estaban heladas, que placer.

_Era roja.

Le pagamos y arrancamos. Seguro un carro le pasó encima, quería cruzar la carretera, le dije a H. Seguimos en silencio, atesorando el sabor del último trago de agua de coco.